02Oct
Informes de Salvador Di Stefano
02/10/2026
Las ventanas de Argentina.
Las ventanas de Argentina
¿Cuál
es la ventana correcta para el emprendedor y empelado en Argentina? De dónde
venimos y a dónde vamos.
La
Argentina de las dos ventanas, durante 40 años vivimos en una ventana de tiempo
en donde la tasa de interés era negativa contra la inflación, esto generaba una
muy mala señal para el mercado, ya que trabajando con dinero de terceros podría
ganar dinero. La inflación creaba margen, nos mediamos contra tasas de
financiamiento negativas, y cualquier negocio que hiciéramos, era viable así saldríamos
derecho en las transacciones cotidianas.
Esto
nos dejó como señal, que el margen se lograba con la acumulación de stock, y no
contra la productividad del proyecto. Esto al durar 40 años, era casi una única
forma de ver los negocios, y cualquier cambio era observado por periodistas, opinólogos,
comerciantes, cámaras industriales y agentes económicos en general como algo
negativo frente a la vida cotidiana.
Si a
esto le sumamos una economía cerrada y licuación de pasivos por alta inflación,
todo generaba ganancias que eran ficticias. El empresario computaba costos con
moneda vieja e ingresos con moneda nueva, cree que gana, distribuye y consume
capital. Nada más alejado de la realidad.
Desde
el año 2023 se abre la ventana de una economía ordenada, con superávit fiscal, capitalización
del Banco Central y economía abierta, la inflación baja del 12% al 1,7%
mensual, los créditos son a tasas positivas, allí los empresarios se dan cuenta
que no son productivos. Aparece una legión de personas que pregonan y
peticionan políticas de Estado, que no eran demandadas cuando ganaban dinero, y
acumulaban capital en dólares en caja de seguridad, o vivían por encima de sus
posibilidades.
La
economía cerrada era un paraguas de precios, con protección, el techo de precio
lo fija el productor local menos eficiente. Este costo nadie lo validara con
una economía abierta y con bienes muchos más modernos. Al abrirse la economía,
el techo de precio lo pone el producto importado, el que no tiene la tecnología
para competir queda fuera del camino, las escalas chicas, y poco productivas
quedan fuera de mercado. La población no quiere el teléfono local, prefiere el
importado de última generación. Cambia la dinámica de los negocios, en la
actualidad las empresas locales se quedaron con el negocio viejo, alquilando
películas con video casete, típico de blockbuster (empresa que desapareció en
una década), mientras que en el exterior venden una suscripción de Netflix, y
se sigue imponiendo en el mercado. El cambio no es una opción, es estructural e
inevitable. Todos tenemos Netflix, el casete desapareció.
Un
negocio chico que vende productos transables, y tiene altos costos de no
transables como el alquiler o los servicios, está en una tijera de precios que
lo deja fuera de competencia. Los productos que venden aumentan poco por la
competencia externa, y los servicios aumentan mucho porque estaban subsidiados,
es un juego de tijera para aquellos negocios que tienen poco capital, en breve
quedaran en el camino.
Que
muchos emprendedores estén en problemas, no se explica por su ineptitud, es que
el Estado le dio señales falsas de la economía doméstica, subsidiando
servicios, con tasas negativas frente a la inflación, aumentos de precios y devaluación
del peso que disimulaban los errores propios. Estas pésimas señales fueron
tomadas como permanentes, pero ninguna tenia sustentabilidad en el tiempo, ya
que nos llevaban a una degradación económica difícil de soportar.
Conclusiones
La
economía argentina tiene que acomodarse al cambio de régimen económico, en
donde las empresas prosperan en la medida que inviertan capital que surge del
ahorro genuino, y no de créditos bancarios. La inversión es igual al ahorro, y
el ahorro es postergar consumo presente por consumo futuro. Las empresas que
producen bienes transables tendrán que competir con el mundo, y el precio del
producto importado es el techo del precio de mercado.
Tantos
años de una economía dando señales falsas a los emprendedores nos llevó a
pensar que un poco de inflación no era malo, cuando en verdad ese poco de
inflación fue el principio del fin para muchas familias que quedaron en la
pobreza y carentes de oportunidades para crecer en nuestro país.
Se cerró
la ventana de la destrucción económica, con déficit fiscal y devaluación del
peso, en donde los negocios pequeños, producto de convivir con tasas de interés
negativas contra la inflación, eran rentables con tan solo cambiar el dinero,
poco trabajo y mucha picardía.
Se
abrió la ventana del país al mundo, en donde los bienes transables tienen que
competir, los servicios públicos se terminaran pagando sin subsidio alguno, y
la escala de las empresas deberán ser más elevadas, buscando la rentabilidad en
la productividad y eficiencia.
En él
mientras tanto, los salarios dependen de la inversión de las empresas, el techo
salarial de una empresa es su valor agregado por empleado, que es venta menos
compra a terceros, divididos por la dotación. La inversión en las empresas debe
surgir del ahorro real, si surge de un crédito sin respaldo, puede subir el
salario, pero luego tendremos inflación y caerá el salario real. La inversión
debe estar bien invertida, capital volcado a un proyecto sin rentabilidad no
genera mayor salario real.
Los
salarios al depender de la inversión varían según el sector económico donde se
remuneran, un empleado en vaca muerta o en minería gana más dinero que en
comercio o pyme, esto no quiere decir que un trabajador es mejor que otro, es
que es un trabajador cuya hora trabajada se aplica a un producto de alto valor
y mucho capital detrás.
Por
último, mientras el país tenga superávit fiscal, la posibilidad de incrementar
la inversión crecen, esto desata la competencia de empresas por trabajadores.
Los salarios no aumentan por la generosidad del empleador, suben por la
necesidad de mano de obra, cuando la competencia es débil el salario es bajo,
si la competencia es fuerte el trabajador tendrá más herramientas para defender
su salario, sin que opere un sindicato o intermediario alguno.
En
conclusión, estamos en la ventana correcta de la historia, buscando que en
Argentina aumente la inversión, se genere más empleo de calidad y mejores
remuneraciones. La transición de un régimen económico estatista, que nos dejó
como saldo 13 años de estancamiento cuenta en la coyuntura, pero si
perseveramos en el orden fiscal, la inversión sustentada en ahorro real traerá beneficios
para todos, en especial para el trabajador asalariado.